El modelo tradicional masculino podría estar en crisis. Los cambios sociales han provocado una reestructuración en los roles tradicionales y cada vez hay menos tareas exclusivamente de “hombres” o de “mujeres”.
La crisis de la masculinidad
1. Introducción
2. Un poco de historia
3. El hombre desorientado
4. Crisis en sentido positivo
1. Introducción
El modelo tradicional masculino podría estar en crisis. Los cambios sociales han provocado una reestructuración en los roles tradicionales y cada vez hay menos tareas exclusivamente de “hombres” o de “mujeres”. Los chicos también cuidan su estética y se empieza a dudar que “los hombres no lloran”.
Un ejemplo frívolo pero evidente de este cambio es precisamente el nuevo modelo de hombre que venden los medios de comunicación, el “metrosexual”.
La mayoría de la población estaría de acuerdo en la frase “los hombres de ahora no son como los de antes” pero, ¿cuándo se inicia este cuestionamiento del modelo tradicional masculino?
2. Un poco de historia
La actual revisión del modelo de “hombre” parte de la década de los 60. En pleno siglo XX, la “normalidad” en el mundo occidental estaba representada por el hombre blanco, heterosexual y de clase media-alta. En 1963, el mismo año que Martin Luther King pronunciaba su famoso discurso en Washington, se publicaba “La mística de la feminidad”, donde su autora Betty Friedman ponía voz a las mujeres norte-americanas que después de la Segunda Guerra Mundial habían dejado el mundo laboral para cuidar a sus maridos e hijos. Estas mujeres, estimuladas por su gran actividad social y laboral durante la guerra y en plena liberación de su placer sexual gracias a la píldora anticonceptiva, salieron de la cocina para reclamar su espacio en la calle.
El movimiento feminista atacaba los abusos del mundo sexuado en masculino y denunciaba la jerarquía de género que fomentaba de manera ultrajante la superioridad del hombre sobre la mujer.
Ya en nuestros días y como secuela a tanta reivindicación cuestionando el estatus quo, el comportamiento de los hombres ha sido un tema de interés social y objeto de estudio para diferentes disciplinas. Libros como “La dominación masculina” de Pierre Bourdieu (1998) o “Ser hombre” de Pepa Roma son una pequeña muestra de lo que ha sido un verdadero aluvión de publicaciones al respecto.
Un factor, sin duda decisivo a la hora de acelerar el estudio de la masculinidad, ha sido la creciente violencia contra las mujeres que, desgraciadamente, es noticia diaria no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo. El médico forense Miguel Lorente, encargado de dictaminar en juzgados las lesiones en las denuncias por agresión, explica en su libro “Mi marido me pega lo normal”, publicado en 2001, como muchos hombres maltratan a las mujeres para obtener control sobre ellas. En la misma línea del libro anterior, en “La traición del hombre americano”, Susan Faludi, tras entrevistar a diferentes hombres que habían ejercido algún tipo de violencia sobre sus compañeras sentimentales o sobre mujeres muy cercanas a su entorno, nos revela como todos los entrevistados, antes de cometer el acto violento, habían sufrido ya fuese una pérdida significativa en su vida como ser despedidos del trabajo o una tan nimia como haberse quedado sin coche.
3. El hombre desorientado
Sin ser ni la única ni la última causa de la violencia de género y por supuesto sin tratar de justificarla, la realidad es que el hombre actual se siente desorientado ante los vertiginosos cambios en el contexto social.
La incursión de la mujer en el mercado laboral, cada vez más y más consolidada, provoca un profundo proceso de revisión del ámbito público, un entorno que hasta hace relativamente poco tiempo era exclusivamente masculino, y abre en consecuencia el camino hacia el cuestionamiento de la estructuración de la esfera doméstica, espacio del que el hombre se había autoexiliado a voluntad.
En la universidad, las carreras llamadas “técnicas” (Ingenierías, Informática, etc.) eran cursadas exclusivamente por hombres lo que les aseguraba un futuro laboral entre hombres. Desde hace algunos años, sin embargo, las mujeres tienen acceso a todo tipo de estudios y, según reflejan las estadísticas, ellas son más disciplinadas, trabajadoras y constantes que sus compañeros masculinos por lo que acaban antes los estudios superiores.
Cada día son más las mujeres que ocupan cargos de responsabilidad en las empresas y en las cúpulas de poder. Hasta en la mismísima Iglesia, institución claramente masculina, las mujeres reclaman su derecho a ser sacerdotisas.
Humphrey Bogart murió hace más de 40 años; a pesar de esto cuesta desterrar su modelo de hombre duro, cínico, dominante, protector, arrogante e incapaz de mostrar sus sentimientos. Todavía hoy perdura en algunos hombres este ideal, y ante la evidente e imparable reestructuración de roles, se preguntan con melancolía qué habría hecho el Rick de “Casablanca” si su mujer le dijera que hoy le toca a él hacer la cena para los niños, porque ella cena fuera con l@s compañer@s de trabajo. O qué pensaría Bogart si descubriera al desorientado hombre, recibiendo una bronca de su mujer porque cuando ella ha llegado del trabajo él no había hecho nada en casa, a pesar de llevar tres meses en paro y gozar, por tanto, de tiempo para las tareas del hogar.
Pero el tradicional modelo masculino, tal como lo conocíamos, significaba también una carga que tenía serias repercusiones en la salud. Este peso se hace patente en los estudios del psicólogo y director del Centro de la Condición Masculina en Madrid, Luís Bonino, quien explica en su artículo ”Varones, género y salud mental“ como se podrá empezar a hablar de las patologías masculinas silenciadas cuando el hombre deje de ser propietario de la normalidad. Según los estudios de Bonino, la mayoría de los problemas psicosociales, como el alcoholismo, el estrés del parado, la drogodependencia, los suicidios y las enfermedades atacan principalmente al hombre; asimismo, las causas de muerte relacionadas con el estilo de vida (cáncer, infartos, accidentes de coche, muertos por violencia, violencia contra las mujeres, abusos sexuales de niños y niñas) son más comunes entre los hombres.
Volviendo a Bogart, ¿adivinan de qué murió Humphrey Bogart? Fue de un cáncer que nunca cuidó, pues a pesar de las recomendaciones médicas continuó bebiendo y fumando hasta el final, fiel a su carácter típicamente masculino.
Estas patologías mencionadas, según explica Bonino están directamente relacionadas con la construcción de la masculinidad que los psicólogos Robert Brannon y Deborah David resumieron en 1976. Estas características serían:
Un hombre no puede ser pasivo, ni vulnerable, ni emocional; por contra ha de ser importante, poderoso, superior a los demás, exitoso, respetado y ganar mucho dinero. Debe ser duro, impasible, autosuficiente, agresivo, capaz de esconder sus emociones y de enfrentarse a situaciones de riesgo utilizando la violencia.
Si aceptamos esto, no es difícil entender que los problemas masculinos, la crisis por la que atraviesa el hombre actual, tienen que ver con su incapacidad de cumplir con las exigencias que comporta un modelo tradicional masculino, difícilmente alcanzable. A este hecho hay que sumarle la creciente presencia en el ámbito público de grupos tradicionalmente marginales como las mujeres, las sociedades étnicas y los homosexuales y lesbianas, este hecho dificulta e incapacita a los hombres el propósito de seguir cumpliendo el código de la masculinidad tradicional.
4. Crisis en sentido positivo
Es evidente, se puede hablar de una crisis de la masculinidad, de un desconcierto entre los hombres en relación al trato con las mujeres y también en la manera en la que ellos mismos se perciben. Pero sería interesante ver la crisis desde un punto de vista positivo, como un punto de inflexión, como el derrumbamiento de un edificio obsoleto para levantar una nueva construcción, más acorde con los tiempos. El nuevo hombre debe seleccionar aquellas cualidades positivas del viejo edificio y deshacerse de las losas inservibles que iban emparejadas a ser “hombre”. En los prototipos típicamente femeninos, el hombre puede encontrar cualidades interesantes que incorporar, pero cuidado. Sería un error cambiar las características etiquetadas como “masculinas” por las femeninas así sin más; ellas también portan losas en su estereotipo, como por ejemplo la esclavitud de la belleza eterna y del cuerpo perfecto. Aprendamos juntos hombres, mujeres e intersexuales; desechemos lo que no es más que un constructo y generemos nuestro propio modelo positivo, alternativo al modelo tradicional.
Ejemplo del buen camino emprendido son los nuevos modelos de masculinidad que se exploran en el libro “Grandes hombres escritos por mujeres”, según explica Àngels Carabí Ribera, Profesora de la universidad de Barcelona y perteneciente al Centre Dona i Literatura. Mostraremos como algunas escritoras se han aventurado a crear hombres con unas masculinidades nuevas, antisexistas, antirracistas, antihomófobas…Son personajes de ficción que posibilitan un futuro de intercambio mutuo y que posiblemente son espejos para muchos hombres que ya nos rodean, nuestros queridos maridos, compañeros, hijos y amigos.
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J. Bustamante Bellmunt
Instituto de Psicología, Sexología y Medicina Espill
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