
-María, estoy decidida, me voy a acostar con Alejandro: quiero que sea el primero ¡Está buenísimo!
- Clara, ¿estás segura? mira que para él no es la primera vez…ya sabes la fama que tiene.
- Por eso, es mi amigo y seguro que así será más fácil e incluso hasta aprenderé.
- Dicen que la primera vez es mejor hacerlo con alguien a quien se ama porque jamás se olvida y hay más intimidad y ternura
- ¡Pamplinas! Voy a mandarle un sms para quedar esta noche… ¡Qué emocionante!
¿Todos los planes son iguales?
Sms: “Ok, Sta noxe?”
-Uy Marcos qué sonrisa.
-Tengo un mensaje, de Clara
-Ah, ¿y qué quiere?
-Perder la virginidad conmigo… Iván, te has quedado blanco ¿qué te ocurre?
-Nunca te lo he comentado pero esa chica me gusta mucho
-Tío, ¿se lo has dicho?
-Esperaba el momento de estar a solas para pedirle salir.
-No me mal interpretes, no quiero acostarme con ella, lo que ocurre es que el jueves, en la fiesta del barrio, estuvimos hablando y me confesó que era virgen y que le gusta un chico, pero no quiere que en la primera cita le haga daño así que necesita acostarse con otro primero para vencer el miedo de la primera vez y, como fruto de la desinhibición del alcohol, me ofrecí.
Los preparativos
-Clara, te veo muy ilusionada- Observó María
-Sí porque estoy más cerca de Iván
-¿Iván? ¿Pero no te vas a acostar con Marcos? no entiendo nada
-Me gusta Iván, pero no quiero defraudarle la primera vez que nos acostemos
-Creo que te equivocas y…
-María, eres demasiado romántica -le interrumpió- Me voy que tengo muchas cosas que hacer: comprar preservativos, ¡siempre sexo seguro!, ropa interior sugerente y después depilación y ducha. Adiós, ya te contaré cómo me ha ido- y visiblemente emocionada se despidió besándole en la mejilla.
María se encogió de hombros y paseando se fue al pub de siempre por si se encontraba con alguna amiga pero cuando entró vio a Marcos.
-Hola María ¿Y Clara?
-Se ha ido a prepararse para ti.
-¿Lo sabes?- Preguntó con cara perpleja
-Sí y creo que debes saber que ella está enamorada de tu amigo Iván- Contestó secamente
-¿De Iván? jajaja
-No le veo la gracia…
-No te mosquees, no me río de ti, sino del hecho de que él también está enamorado de ella
-¿Y sabiéndolo te vas a acostar con Clara?
Y llegó el gran momento
Marcos lo tenía todo preparado en su casa: música suave, un par de cubatas preparados y unas velas encendidas.
Sonó el timbre de la puerta
-Hola Clara, pasa. Estás muy guapa- y la abrazó con mucha ternura- Tranquila, estás temblado
-Hace frío- y rió nerviosa.
-¿En pleno verano? Vamos a tomar algo para que “entres en calor”
Ya sentados en el sofá y tras el primer cubata y algo de conversación intrascendental, se fue relajando un poco.
-¿Te apetece bailar?- Preguntó Marcos
Él la rodeó con sus brazos y, acercándose lentamente sus labios, se fundieron en un beso tímido que poco a poco fue prolongándose hasta que sus lenguas jugaron. Los cuerpos se pegaron y, ondulantes, se movieron al compás de la suave música. Marcos fue bajando una mano hasta las nalgas de ella que apretó con fuerza, quedando sus genitales enfrentados, mientras le besaba el cuello.
-¿Vamos a la habitación?- le susurró él al oído.
La habitación, también iluminada con velas, era acogedora
-Intenta relajarte, estás muy tensa y no quiero hacerte daño.
-Lo intentaré.
-Se me ocurre una idea, voy a taparte los ojos con un pañuelo para que sólo te concentres en lo que vayas sintiendo. No te preocupes, iré despacio y con suavidad.
Le anudó el pañuelo y mientras iba quitándole la ropa hizo señas a Iván que, en un lado de la habitación, observaba la escena escondido en la oscuridad.
-Pero así no podré hacerte nada- Protestó Clara
-Pssss, no te preocupes por mí y déjate llevar- Y se retiró dejando el sitio a Iván
Ya a solas Iván desabrochó el sujetador y besó los pezones que, erectos, daban un aspecto hermoso a los senos, y los acarició.
Sin dejar de besarla trazó un camino hasta su Monte de Venus depilado al estilo brasileño, metió un poco el dedo humedecido con lubricante en la vagina y desde allí subió hasta que encontró el clítoris.
-Um- gimió Clara
Retiró el dedo y lo sustituyó por la lengua húmeda
-Um- volvió a gemir y arqueó el cuerpo.
Con mucha ternura y sin prisa jugó con él mientras con una mano acariciaba los senos, hasta que, al cabo de un tiempo, se convulsionó en un orgasmo.
-Para, para ¡ha sido increíble!, no siento los brazos.
-Psss
Con suavidad le fue metiendo un dedo, humedecido con saliva, en su vagina dilatada y con cuidado lo fue moviendo mientras observaba cómo ella se mordía el labio inferior y con ambas manos se acariciaba los senos.
-Quiero que me metas el pene pero quiero verte la cara.
Y antes de que él pudiera hacer nada, se quitó el pañuelo.
-¡Iván?- y se sentó de un salto, sacando el dedo de su vagina.
- Lo siento Clara, me gustas mucho. No te enfades con Marcos, sabe lo que siento por ti y es un buen amigo
-Siento lo mismo por ti.
-Vístete, no ha sido una buena idea.
-¿Por qué! Me ha gustado mucho lo que me has hecho, ahora estoy muy excitada y todo el tiempo he estado pensando en ti. Si la romántica de María tiene razón, mi primera vez debe ser contigo ¿no crees?
-¿Estás segura?
Y se acercó hasta besarle con ternura, de la misma manera que lo hizo, minutos antes, Marcos, y poco a poco le fue quitando la ropa hasta que, desnudos, se fundieron en un abrazo. Ambos temblaron por la emoción y el deseo.
-He traído preservativos, espera que voy a cogerlos… ¿Y eso tan grande me cabrá?- Dijo ella mirando el pene erecto con cara asustada
-Jajaja, ¡claro! no te preocupes… Tengo una idea: en lugar de usar un preservativo normal utilizaremos uno de sexo oral con sabor a fresa y quiero que me lo pongas y toques, juegues y, si te apetece, chupes, hasta que te familiarices con el falo y le pierdas el miedo.
-No sé cómo se hace.
-Te iré dirigiendo.
Y sacó del bolsillo un preservativo envuelto, lo abrió con cuidado para no dañarlo y se lo dio a Clara
-Con los dedos índice y pulgar de la mano izquierda sujeta la punta (el depósito) y, con los mismos dedos pero de la mano derecha, cógelo por el anillo, colócalo en el glande de mi pene erecto y ve desenrollándolo poco a poco hasta la base.
Una vez colocado, acarició con un dedo el falo hasta que llegó a los testículos desnudos y, medio explorando medio jugando, los palpó. Iván suspiró de placer y ella se animó a seguir.
Deslizó la lengua por el miembro viril mientras lo sujetaba con una de sus manos y con la otra acariciaba los testículos. Los ojos de Iván se entornaron mientras que los de ella se abrieron fruto del deseo. Cuando llegó al glande abrió la boca y poco a poco lo fue introduciendo, con cuidado de no rozarlo con los dientes, y, como si fuera un helado de hielo, lo fue chupando de arriba a abajo.
-¿Seguro que no lo has hecho antes? ¡Qué bien! ¡Qué gusto!
Al cabo de unos minutos, lo sacó de la boca.
-Estoy preparada.
- Como este preservativo no es anticonceptivo, lo cambiaré por uno normal- Y se incorporó un poco para retirarlo y abrió con mucho cuidado el envoltorio de otro.
- Déjame que vea cómo te lo pones… ¡Guau…! ¡Me encanta! ¡Me está poniendo a cien ver cómo mueves el pene con una mano como si te masturbaras!... Uf ¡Cómo me pone!- y lanzó un grito- ¡Póntelo! ¡Es muy erótico verte! - y lo deslizó con la misma maestría y suavidad que una mujer trata a unas medias de seda.
- Ven gatita, túmbate, relájate y no te dolerá. Iré muy despacio.
Tumbada boca arriba abrió las piernas y con los brazos abiertos acogió a su amado que le besó los labios y el cuello y, poco a poco, la penetró.
-Ya está dentro ¿te he hecho daño?
-No ¿y ahora qué?
-Ahora viene lo bueno…a encontrar la postura que más te guste.
Y empezaron a moverse cambiando de postura: la hamaca, el perrito y la fusión cabalgando como una amazona.
-Ya no puedo más cariño, voy a eyacular…. No pares… guau- Y su cara se contrajo de placer.
Tras retirar el pene y quitarle el preservativo, se tumbaron abrazados y sin dejar de besarse suavemente, él le preguntó
-¿Te ha gustado?
-Mucho ¿cuándo repetimos?
-Tenemos preservativos, lubricante y mucha imaginación. Deja que me recupere un poco ¿ok?
Es increíble lo que puede dar de sí una noche… pero eso ya os lo contaré otro día.
Cristina G.M.
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